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Blog · Psicología

Sesgos cognitivos que te hacen fallar preguntas fáciles

A veces fallamos una pregunta que sabíamos, y luego no entendemos cómo. La culpa no es de la memoria, sino de los atajos mentales que usa el cerebro para decidir rápido. Estos son los sesgos que más puntos te cuestan en un concurso, y cómo desactivarlos.

Introducción

Por qué el cerebro nos traiciona

Un sesgo cognitivo es una desviación sistemática del pensamiento: un patrón por el que nuestra mente llega a conclusiones erróneas de forma predecible. No son fallos de ignorancia, sino de procesamiento. Se estudian desde los años setenta, cuando los psicólogos Amos Tversky y Daniel Kahneman demostraron que las personas no razonamos como calculadoras, sino con atajos que casi siempre funcionan… salvo cuando no. En un concurso, esos atajos son justamente los que te hacen tropezar con lo que ya sabías. Vamos a identificar los principales.

Sesgo 01

El anclaje: el primer número manda

El sesgo de anclaje, descrito por Tversky y Kahneman en 1974, hace que la primera cifra que ves condicione tu estimación posterior, aunque no tenga nada que ver. En un experimento clásico, a unas personas se les mostraba un número al azar antes de preguntarles un dato, y sus respuestas se acercaban a ese número sin motivo. En un concurso de estimación numérica, esto es demoledor: si alguien menciona una cifra o si la pregunta sugiere un rango, tu cerebro se «ancla» a ella. La defensa es piensa tu propia estimación antes de dejarte influir por cualquier número externo.

Sesgo 02

La heurística de disponibilidad

Tendemos a juzgar la probabilidad de algo por la facilidad con que se nos vienen ejemplos a la cabeza. Es la heurística de disponibilidad: creemos que es más común lo que recordamos con más viveza. Por eso sobrestimamos la frecuencia de sucesos espectaculares y subestimamos los corrientes. En trivia, te lleva a elegir la respuesta más «famosa» o reciente en lugar de la correcta. Que algo te suene mucho no significa que sea la respuesta buena.

Sesgo 03

El sesgo de confirmación

Una vez que sospechamos una respuesta, buscamos razones para confirmarla e ignoramos las que la contradicen. Ese sesgo de confirmación hace que te aferres a tu primera corazonada y descartes pistas que apuntan a otra opción. En las preguntas de varias opciones, obligarte a buscar activamente por qué cada una podría ser correcta —y no solo por qué lo es la tuya— te salva de muchos errores.

Sesgo 04

El efecto Dunning-Kruger

En 1999, los psicólogos David Dunning y Justin Kruger describieron una paradoja incómoda: cuanto menos sabe alguien de un tema, más tiende a sobrestimar lo que sabe, porque le falta el conocimiento necesario para darse cuenta de su propia ignorancia. El efecto Dunning-Kruger convierte la confianza en una guía poco fiable. En un concurso, la sensación de «esto me lo sé seguro» merece cierta desconfianza cuando el tema no es realmente tu fuerte.

Sesgo 05

El exceso de confianza

Relacionado con el anterior, el exceso de confianza es la tendencia general a creer que acertamos más de lo que realmente acertamos. Los estudios muestran que, cuando la gente dice estar «segura al 90 %», acierta bastante menos del 90 % de las veces. En los modos con apuesta, este sesgo es caro de verdad: te lleva a arriesgar de más sobre respuestas que no dominas tanto como crees. Calibrar bien tu confianza es una habilidad tan valiosa como el propio conocimiento.

Sesgo 06

El efecto de posición serial

Recordamos mejor el primer y el último elemento de una lista que los del medio; son los efectos de primacía y recencia. Aplicado a las preguntas con opciones, esto hace que tendamos a fijarnos más en la primera y la última respuesta, dejando las centrales en penumbra. Los diseñadores de exámenes lo saben y a veces esconden ahí la correcta. Lee todas las opciones con la misma atención, especialmente las de en medio.

Sesgo 07

El sesgo de retrospectiva

Cuando se revela la respuesta correcta, casi siempre pensamos «claro, lo sabía». Es el sesgo de retrospectiva: una vez que conocemos el resultado, nos parece que era evidente y previsible. El problema es que distorsiona el aprendizaje, porque te hace creer que ya lo dominabas y no repasas lo que en realidad fallaste. Para combatirlo, sé honesto contigo mismo: distingue entre lo que sabías de verdad y lo que solo te parece obvio a posteriori.

Sesgo 08

La aversión a la pérdida

Según la teoría prospectiva que Kahneman y Tversky formularon en 1979, el dolor de perder algo pesa psicológicamente más o menos el doble que el placer de ganar lo mismo. Esta aversión a la pérdida es clave en los modos de apuesta: el miedo a perder lo que ya tienes puede llevarte a jugar demasiado conservador cuando convendría arriesgar, o a lo contrario, a intentar «recuperar» pérdidas con apuestas temerarias. Reconocer que tu cerebro sobrevalora las pérdidas te ayuda a decidir con más frialdad.

Sesgo 09

El efecto de encuadre

La forma en que se plantea una pregunta cambia nuestra respuesta, aunque el contenido sea idéntico. Es el efecto de encuadre: no reaccionamos igual ante «tiene un 90 % de aciertos» que ante «falla el 10 % de las veces», pese a que dicen lo mismo. En trivia, un enunciado redactado en negativo o con un giro inesperado puede empujarte a la respuesta equivocada. Reformula mentalmente la pregunta en términos neutros antes de contestar.

La buena noticia: los sesgos no se pueden eliminar, pero sí domesticar. Basta con conocerlos para empezar a detectarlos en acción y darte ese medio segundo de reflexión que separa la respuesta impulsiva de la acertada.
Sesgo 10

La heurística de representatividad

Otro atajo descrito por Tversky y Kahneman es la heurística de representatividad: juzgamos la probabilidad de algo por cuánto se parece a nuestra idea prototípica de una categoría, en lugar de por las probabilidades reales. Es lo que nos hace suponer que una persona con gafas y aire tímido es más probable que sea bibliotecaria que comercial, ignorando que hay muchísimos más comerciales que bibliotecarios. En un concurso, te empuja a elegir la respuesta que «encaja con la historia» o con el tópico —el inventor que suena famoso, la fecha que parece redonda—, aunque los datos apunten a otra. Cuando una opción te resulta demasiado «típica», desconfía: puede ser justo el señuelo.

Para terminar

Pensar despacio en el momento justo

Ninguno de estos sesgos te convierte en tonto: son el precio de tener un cerebro rápido y eficiente. El truco no es desactivarlos —es imposible—, sino saber cuándo bajar el ritmo. Ante una estimación numérica, desconfía del anclaje; ante una apuesta, vigila la aversión a la pérdida; ante una respuesta «obvia», recuerda a Dunning y Kruger.

Si te interesa cómo la mente nos engaña, no te pierdas las preguntas que casi todo el mundo falla, y para llevar esta teoría a la práctica, echa un ojo a cómo entrenar la memoria para juegos de preguntas. El mejor sitio para poner a prueba tu anclaje es el La Diana; tu aversión a la pérdida, El Farol.

▶ Vencer a tus propios sesgos